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viernes, 4 de marzo de 2016

De "Vertigo" a "El fantasma de la libertad"



*Fragmento*

(...) hay una doble naturaleza en Judy/Madeleine, que es la doble naturaleza del espectro (ser uno y ser otro), y cuando Scottie mira a Judy pero ve a Madeleine se trata de una manifestación típica del espectro. Pero se puede llevar un paso más allá este pensamiento, y la clave para ello está, una vez más, en esa especie de binomio escatológico de Hitchcock que fue Buñuel.

En la citada Cet obscur objet du désir, Mathieu (de nuevo Fernando Rey en el papel del eterno frustrado) ha dejado de ver el principio dialéctico del signo; de hecho, es un falso principio dialéctico, las dos actrices que interpretan a Conchita, ya definitivamente sin relación: Carole Bouquet y Ángela Molina se suceden invariablemente, alternándose a tenor de una indescifrable lógica interna (un anti-Principio de Identidad), pero ninguna parece necesariamente conducir a o ser un reflejo de la otra. Por más que aún mantengan ciertos signos reconocibles y compartidos (la misma madre, la misma ropa, el mismo hogar...), son dos mujeres totalmente inatingentes. Son símbolos de sí mismas, escindidas ya plenamente de su alter ego-referente. (Judy/Madeleine eran dos divisiones de un mismo todo; pero Conchita/Conchita son dos todos de una misma división.) Sin embargo, el equívoco de identidades permanece todavía ignoto en el caso de Conchita/Conchita, hay algo que rehúsa ser explicado cabalmente, que rehúsa ser tesis, antítesis o síntesis. Donde Judy/Madeleine coincidían dialécticamente era la causa de deseo en Scottie; pero donde Conchita/Conchita divergen en esa otra cosa extraña, que no se puede identificar, es precisamente donde se reactiva la causa de deseo en Mathieu. 

[...]

Tal vez ese anti-Principio de Identidad, que tanto exploró Buñuel en sus películas, encuentra su mejor exposición en Le fantôme de la liberté (1974), en concreto, en las dos secuencias finales de la película: la secuencia de la niña desaparecida y la secuencia del prefecto de policía. (...) En esa secuencia memorable, los padres reciben una llamada de la escuela comunicándoles que su hija ha desaparecido; los padres acuden de inmediato y la directora de la escuela les muestra cómo la niña, a pesar de hallarse esta misma allí presente (la niña incluso se acerca a tironear la manga de su madre, a lo que ésta replica que no moleste), ha sido declarada oficialmente desaparecida. La situación se repite en la comisaría, donde la niña es sometida a examen visual por parte del comisario y un agente: la miran, la escrutan, toman nota de sus medidas y características físicas, cabello, ojos, ropa, etc, y proceden a tramitar orden para que se busque a la niña “por todo París”. (Tal vez a esto se refiere Rancière cuando habla de la “archi-semejanza” como un concepto-corpóreo que se ha desprendido de su imagen y de su identidad.) La secuencia del prefecto de policía, por su parte, parece un antecedente de la ambivalente Conchita/Conchita, pues a su vez lo interpretan dos actores (Julien Bertheau y Michel Piccoli), aunque esta posibilidad de ambivalencia-discordante, de símbolo que se ha enajenado de sí mismo, queda en un segundo plano debido a las derivas impredecibles del guión (en Le fantôme, los “dos prefectos” interactúan y hasta comparten una escena juntos, mientras que las dos Conchitas de Cet obscur objet nunca llegan a encontrarse, son líneas paralelas euclidianas que no se tocan). La auto-referencia se cumple absolutamente, por decirlo así, en el caso de la niña “desaparecida” de Le fantôme, donde ya no hay identificación alguna entre la “cosa” y la “idea”


Fragmento de Anti-Éxtasis; IX, "Más allá de la cultura del simulacro"

viernes, 12 de febrero de 2016

Del éxtasis de los espectros a la política del éxtasis


*Fragmento*

Pero esa concepción pura o Identidad pura [del espectro analítico] no consiste en ninguna verdadera unicidad, sino en una deflación del sentido que reproduce la inconsistencia de la vida en una versión paralela, a la manera de la “ontología doble” que decía Merleau-Ponty: el ser es el ser para el ser, la nada es la nada para la nada, pero no se interrelacionan. Es lo que aquí [en Anti-Éxtasis] hemos llamado "desontología” o “espectralidad hiperbólica”, pues ya no se puede decir que quede ahí alguna ontología en sentido dialéctico.

[…]

El espectro analítico debe entenderse como una radicalización del espectro natural o dialéctico. Éste ha dado un salto a una realidad post-ontológica, meramente replicante, que no recurrente, y meramente tautológica, que no retórica. En nuestro mundo espectralizado, en fin, es más la nada analítica que el ente dialéctico. Los que afirman que el ser es en vez de la nada han perdido su resguardo, como cuando echas mano a tu bolsillo para descubrir que ha desaparecido el tícket de guardarropa; y, como en un reverso de pesadilla, la espectralidad total vendría a confirmar lo que el pensamiento trágico ya se temía: que no hay nada allí donde parecía haber algo (ni en los bolsillos ni en el guardarropa, ahora vacío y clausurado).   

[…]


Cuando los filósofos posmodernos, siguiendo la estela de Kojève, hablaban del “final de la Historia”, se referían a esto: el éxtasis total, la identidad llana del sujeto con el objeto, la conquista de la Verdad homogénea y del Sistema homogéneo, o lo que es igual, la Identidad pura que en su espacio límbico equivale a nada. La nada hecha carne. El vacío hecho mundo. Esto, y no otra cosa, es lo que implica nuestra risueña concepción pura, la que vemos en los rostros sonrientes del Espectáculo, en la erotización de las economías virtuales y la sublimación de las condiciones post-reales de existencia. La introducción (enter) consentida, cabizbaja y sosegada en el reino del Gran Espectro, que, como ya había denunciado el maldito Debord, es a la vez producto, origen y finalidad de sí mismo (…). 

[...] 

Se perfila de este modo un mundo en el que no hay lugar para el silencio, un mundo de “homologación” total, como la que denunciaba Pasolini en los medios; un mundo-viscosidad que se injerta en las ranuras y huecos para conformar una Identidad homogénea de lo uno consigo mismo, sin Diferencia, sin relación ni delación dialéctica. Éste es un campo de abono idóneo para el fascismo y el falso orgullo identitario, para los nacionalismos y narcisismos, para el ser que “vive fuera del mundo” (en el ek-stase radical). La imagen de un mundo mensurable, donde una imagen es igual a una identidad, y donde las cosas son equivalentes a esta identidad, éste es un viejo “hechizo” o argucia a lo trompe l’oeil del intelecto, que se reanima en la espectralidad.  

Fragmento de Anti-Éxtasis; X, "Autorreinvención y posdata"

jueves, 11 de febrero de 2016

Espectro dialéctico / Espectro analítico


*Residuo*

 El espectro dialéctico es aquel (aquello, that thing) que mira al que mira. Derrida lo llama el “efecto visera”; Lacan la “mirada salvaje del mundo”: la capacidad, característica del espectro, de mirar-nos sin ser visto. Y en efecto, lo que miramos es a él, al espectro, aunque éste sea precisamente aquello que no puede ser visto en su totalidad. Hay siempre esta ambigüedad difícil de entender en el espectro, que es la que corresponde a la dualidad espectro/espíritu, ser/apariencia... Y es una ambigüedad fehaciente, porque no se trata en ella de una simple contradicción de términos: lo uno y lo otro, el ser y el no-ser, el yo y el Ello, son simultáneos en la doble acción del mirar/ver. De ahí que casi siempre miremos sin ver, y que a menudo veamos sin mirar. El espectro es siempre; ubicado aquí y allí, su naturaleza bipartita (en todas partes y en ninguna) nos priva de aprehenderlo en su totalidad. El suyo es el espacio de la  ambivalencia, en ese espacio indefinible, meridiano, no entresacable de los bordes de la Identidad y la Diferencia, sino perpetuamente sometido a ellas.


Por el contrario, este espectro dialéctico pareciera que cede paso a una forma nueva de conciencia espectral. Se trata del espectro analítico, aquí, en nuestro tiempo particular, debido a que el nuestro es el tiempo panocular: el tiempo que ha subvertido la perspectiva por el plano; la línea por la red; la particularidad por la globalidad; la profundidad de campo por la planicie panosférica; el movimiento geométrico por la inmovilidad en el éxtasis… El suyo es el espacio de la singularidad. Y ya no mira al que lo mira. Este espectro singular (igual a sí mismo, reflectante, indiferente) se radicaliza en una potencia prístina, analítica, sosegada, que no vive sino atada al inmediato ahora. Es el ser sin lugar, sin historia, sin tiempo ni memoria, en el éxtasis permanente del presente. Pues “ya no estamos en el drama de la alienación, sino en el éxtasis de la comunicación” (Baudrillard). A lo que se podría matizar: ya no estamos en el drama de la dialéctica, sino en el éxtasis del puro soliloquio.     

Fragmento adaptado del discurso de presentación de la obra de teatro El teclado (Excodra Editorial, 2015), de Jordi Corominas, el 20/6/2015.

martes, 9 de febrero de 2016

lunes, 8 de febrero de 2016

The time of poets...





*Desvío*

Vilém Flusser ya señalaba a mediados de los ochenta la preeminencia del acto de grabar sobre el acto de experimentar. Y Jean-Louis Comolli dice que todas esas imágenes no se hacen para ser miradas. ("Si todos graban, ¿quién mirará las imágenes?", algo así viene a decir. El mundo se convierte así en una gigantesca cámara-filmante-ciega, valga la paradoja.) [...] Lo importante aquí es el medio, el sistema operativo situado "en" y "entre" la representación y lo representado. El “tiempo de la imagen del mundo” definitivamente ha acabado, y me acuerdo de aquella pieza de Gil J. Wolman: 

The time of poets is finished
Today I'm sleeping

Así que en realidad ya no queda nada de esa noción "incestuosa" de la desnaturalidad tecnológica. El fusionamiento maquínico de Cronenberg era el resultado de un "choque", de un proceso de asimilación en el que los viejos paradigmas cedían con tortuosa complacencia a las erotizaciones de lo tecnológico. Hoy por hoy, sin embargo, ya no hay atisbo de "forzamiento", ni de violencia; el maridaje es total y perfecto, los natos digitales (nacidos en la era digital) ya no perciben esa tensión dramática que se encontraba en el fetichismo maquínico. The time of poets... La experiencia de la no-experiencia, decía. La inter-periencia [sic. Anti-Éxtasis, cap. IX]. El acontecimiento por fin liberado necesariamente de la representación y el concepto. El acontecimiento puro, el no-acontecimiento, aquel que no acontece en la representación, sino en la mismidad de su propia identidad indivisa.   

[...]

Puede encontrarse allí un perfecto maridaje entre realidades puras, esto es: desprovistas de referente dialéctico. Y el espectro unidimensional de la mirada-producto, la mirada que con Comolli no cumple ni tan siquiera la función de representar, de guardar o de registrar, sino del solo mirar, nos coloca de sopetón en un absoluto irrepresentado/irrepresentable. 

Fragmento de "Miradas, dispositivos y conciertos. Lo que pensé con Gwyn Ashton", publicado en el blog de Saturnalia:
http://saturnalia-cultura.blogspot.com.es/2015/11/miradas-dispositivos-y-conciertos-lo.html

Imagen: Fotograma de El Anticoncepto, de Gil J. Wolman (1951). El Anticoncepto es una película sin imagen. Fue presentada el 11 de febrero de 1952 en el cine Avant-Garde 52 de París, donde fue proyectada sobre un globo meteorológico blanco. El fragmento citado pertenece al texto teórico-poético que acompañaba a la obra, del que aquí reproducimos un extracto:

 AND A NEW ART BEGINS.
I love you I no longer love you he loves another woman.
Beneath the mask she must be pretty she must be ugly.
THEOREM.
There is no negation that does not affirm itself elsewhere.
Negation is the transitional term to a new period.
Negation of the intrinsic, immutable, a priori concept, projects this concept outside of matter, reveals it a posteriori to an extrinsic reaction, becomes mutable by as many reactions.
THE TIME OF POETS IS FINISHED.
TODAY I'M SLEEPING.

sábado, 6 de febrero de 2016

Film



*Fragmento*
Lacan, en uno de sus mejores seminarios, ponía el ejemplo de los sueños para referirse a un tipo de mirada ubicua, una mirada que ya no está situada en ningún ojo, sino en el mundo --lo que él llama “la mirada salvaje del mundo”, y que toma explícitamente de las teorías de Merleau-Ponty en Lo visible y lo invisible (1964): “sólo veo desde un punto, pero en mi existencia soy mirado desde todas partes”; y también Heidegger: “Es más bien el hombre el que es contemplado por lo ente”--. En esa mirada salvaje del mundo, como en el sueño, se desarticulan los andamios de la identidad, el sujeto, el ojo que mira, etc, conformando esa otreidad de la que el personaje de Film (Samuel Beckett, 1965), interpretado por Buster Keaton, trata de huir a toda costa. Esa huida hacia delante desesperada, patente en el movimiento incesante del cogito, es lo que constituye y construye el andamiaje de la mirada focal, la mirada consciente convencional, lo que conforma la arquitectura racional del mundo, como evasión y como negación radical de esa otreidad intolerable. –Y en la película de Beckett, es justo al quedarse dormido, es decir cuando las barreras de la conciencia han caído, cuando el Otro/Yo alcanza por fin a Buster Keaton.


Es al afrontar esa mirada que no habla del mundo cuando el personaje beckettiano afronta la inconmensurable nada que el mundo le devuelve, como viniendo a confirmar el viejo axioma trágico de Pascal: “El universo entero está mudo.” Este Otro-que-mira beckettiano está situado en un punto escandalizante, entre la rasgadura abominable del ojo en Un chien andalou (1929) y la fascinación de la mirada hitchcockiana. Por ello, la pareja de burgueses al inicio de Film contempla con pavor supremo el encuentro frontal con la mirada del mundo, la mirada del Otro: un instante después de romperse (de rasgarse como el ojo de Buñuel) y un instante antes de sublimarse (de petrificarse como el ojo-crónico de Hitchcock). La rasgadura es el origen que da lugar a la Diferencia; el sublimarse es el oblivio mori (el olvido de la muerte) que da lugar a la Identidad y el proceso intelectivo; y ambos “momentos” acontecen en una circularidad instantánea. Por último, en ese espacio que hay entre la rasgadura y la sublimación hallamos un impasse, una tierra de nadie de la conciencia y el objeto, que es donde va a morir el sujeto autorreferente.

Fragmento de Anti-Éxtasis; VII, "La mirada salvaje del mundo"

lunes, 1 de febrero de 2016

Under the skin



*Residuo*

Y, si aún nos fuera posible estar en el mundo a la manera de los entes (es decir, sin la mediación del aparato ergonómico-virtual, sin el dispositivo lógico-conceptual, etc), éste sería en realidad un hecho trágico porque no revelaría una supuesta participación armoniosa con el mundo, sino más bien una soledad primigenia, una indigencia cósmica, la incapacidad para conectar con la multiplicidad y con un orden externo. Tal es el caso de la protagonista de Under the skin (Jonathan Glazer; 2013), basada en la novela homónima de Michel Faber: lo interesante de este personaje es que se trata de un ser sin aparato conceptual, sin las coordenadas y estructuras virtuales que componen la realidad humana, y, de este modo, se ve abocada a una relación de extrañeza con el mundo de los humanos; significativamente, sólo llega a integrarse formalmente con ese mundo de los humanos en una de las escenas iniciales, la que transcurre en un centro comercial, donde, allí sí, la cosificación y el automatismo del consumismo parecen actuar como una red de sintaxis entre lo humano y lo alienígena, entre el Yo y el no-Yo, el sujeto y el objeto, etc. 

La hermosa “epidermis” de Scarlett Johansson no impide que sea un elemento por completo extraño en su relación íntima con el mundo; un alienígena del mundo (literalmente), en un entorno sombrío, absurdo y hostil, en el que la palabra misma ha sido relegada a un lugar en el silencio, o que a lo sumo sólo sirve para hablar de “naderías”. (Cada ocasión que la protagonista alienígena interactúa con los pobladores del mundo asistimos a verdaderas obras maestras del diálogo intrascendente, pero que, por ello mismo, se revelan cargados de una profunda significación humana; por el contrario, el medio de comunicación de los alienígenas es la telepatía, en un recurso  por otra parte típico en el cine de extraterrestres. Pero resulta un poco obtuso leer Under the skin como una película sobre extraterrestres. ¿Es la telepatía el lenguaje de los extraterrestres, o no será más bien que esos extraterrestres telepáticos de las películas encarnan de algún modo la secreta certeza --y el terror-- de un silencio cósmico, de un mundo "que no habla"?)   

Ese “hablar de naderías”, como el de Vladimir y Estragón en Esperando a Godot, es el que de continuo se refiere a o encubre a un orden externo y su falta; o lo que es igual: a una causa original o una razón suficiente de lo que existe, cuya ausencia irremediable convierte en desastrosa toda posibilidad de especulación sobre la existencia. (La existencia es un desastre que no se previene, sólo sobreviene, diríamos invocando a Blanchot.) Y bien: toda vez que carecemos de referencias o justificaciones necesarias para la determinación de ese orden externo, de ese Marco General de la existencia, concluimos que lo existente es igual a (o tan azaroso como) lo no existente; lo constituido es igual a lo no constituido, lo ordenado es igual a lo no ordenado, y la regla es igual a la excepción. La dialéctica no llega a una síntesis en el anti-éxtasis trágico, sino a una verificación de la nada en el ente (verificación de la irrazón de ser del ente).

Godot y la palabra: el orden ausente, la promesa de sentido que nunca llega, etc. 

domingo, 31 de enero de 2016

Dasein trágico: ser tecnofílico


*Fragmento*

*         La transformación vertiginosa del mundo, como es lógico, lleva aparejada la transformación de los seres en el mundo. Y el ser espectralizado no es tanto el resultado de una transformación de la esencia, sino de la estructura ergonómica de los entes. La “estructura unitaria” del ser-ahí palidece ante las fecundas y novedosas estructuras ergonómicas destinadas a jerarquizar la existencia a la pura espectralidad: la Smart City, la noosfera, la tecnocracia, la noocracia... son factores sociales de esta nueva situación, pero que se remontan al origen de la civilización técnica. Pues no hay tanto un Dasein natural, sino un ser tecnofílico que siempre ha estado separado del mundo, que simplemente nunca ha estado ahí.

Fragmento de Anti-Éxtasis; III, "Azar radical (o el supremo anti-éxtasis)"

viernes, 29 de enero de 2016

La realidad de lo virtual y el anti-éxtasis


*Desvío*

Pero no es que la realidad de lo virtual nos reafirme en nuestra posición de extasiados, como un espejo hecho pedazos entre cuyos vestigios diseminados encontramos (finalmente) la esencia; como un mecanismo de confirmación por el que hallarían todo su sentido las fantasías del voyeur, y por el que asimismo encontraríamos una finalidad a nuestra deriva existencial... Más bien esa misma deriva existencial es la que se hace patente en la realidad de lo virtual: ella sirve antes para ponernos frente a la nada de lo Real, frente a nuestra infinita indigencia y nuestra falta de fundamento, que para traernos la buena nueva de una humanidad autónoma, al fin trascendida de sus límites y padecimientos. La realidad de lo virtual desvela, precisamente, que no había nada --ni antes ni ahora-- detrás del espectro y la cosa. 

Las pantallas de plasma y contenidos icónicos-virtuales llegan justo a tiempo, como imagos de aprehensión abstracta del mundo, para retornarnos a la ilusión de mirada de la escena ontológica, pero no hay sino el procedimiento irracional por el que dicha mediación dialéctica (tal cosa es la “mirada” en un sentido anterior a la mirada-producto) es transferida al solipsismo hiperreal del espectro-analítico. 

miércoles, 27 de enero de 2016

El éxtasis de la mirada-producto (cont.)


*Desvío*

En Youtube, blogs y portales porno, se contabiliza el número de visitas por la cantidad de views (“vistas”). La televisión todavía se fundaba en el “índice de audiencia”, aunque no por ello la mirada desempeñase un papel menos importante, atenuado, eso sí, por la interacción propia de la economía-familiar de la TV. Con la explosión de internet el fenómeno de las "views" ha ocupado por completo el espacio particular, desarrollándose al máximo la economía-del-individuo. Surge entonces en esta mirada-view un coeficiente contabilizador o numérico, sustrato de su propia acción autorrecursiva cosificada, como "mirada-producto". "Toda producción deseante ya es de un modo inmediato consumo y consumación", leíamos en El Anti Edipo (y debe entenderse la mirada como esta producción deseante, que es producida por la propia producción de producción). Hay “mirada-producto” en Instagram, en Linkedin, en Facebook, donde la acción aparente es la relacionabilidad, pero donde la acción inherente es la búsqueda de la sola mirada como producción de mirada. El share y el tag no buscan otra cosa que una concitación de la mirada, la mayor proporción de “visibilidad” entre contactos, amigos, desconocidos, etc; la viralización, difusión y esponsorización de post’s, estados y entradas sólo busca un número mayor (una producción mayor) de miradas. Así, lo que se busca allí no es tanto un sujeto, sino un sujeto-mirada, un "todo-ojo", observador panóptico desubstanciado de sus cualidades negativas: el sujeto-mirada es allí una mera cifra, un índice de visitas. No es tanto una “cosificación” del individuo sino una “espectralización”, en donde el sujeto encuentra su transfusión neta a la identificación con lo virtual, su ser-pleno incorporado a la realidad pura del Espectáculo (ens realissimum), en el éxtasis de la hiperrealidad.  

martes, 26 de enero de 2016

El éxtasis de la mirada-producto



*Fragmento(s)*

No se trata pues de reivindicar una presunta objetividad del arte frente a los datos espectrales, ni de recuperar una vetusta superioridad moral de la estética frente a la amoralidad de los simulacros, cuando es evidente que los límites entre la estética y los procedimientos de la midcult o la industria cultural son difusos, pero sí parece oportuno tener en cuenta que la industria de la imagen vive en gran medida gracias a una mercantilización de la imagen per se, del comunicado semiótico per se, y que esta nueva mercancía es generada a su vez en los sujetos-productores de signos: es la propia mirada el producto bruto que se contabiliza entre los subtotales y beneficios.

  La mirada es la mercancía fetiche definitiva.


La mirada es buscada, concitada, seducida, y en último término producida como engranaje constituyente y/o ganancia de la máquina capitalista. Como en un delirio hiperanabolizado de la contemplación plotiniana en torno a la perfección de lo divino, la contemplación del Espectáculo (forma secular del Bien y del Uno) engendra a su vez “actividad y producción”, se constituye en el “motor inmóvil” productor-de-mirada.

Fragmentos de Anti-Éxtasis; I, "Miradas al espectro"

jueves, 21 de enero de 2016

The act of killing




*Fragmento*

En The act of killing (Joshua Oppenheimer, 2012), los protagonistas de la filmación son los auténticos verdugos del genocidio paramilitar que tuvo lugar en Indonesia entre 1965 y 1966, derivando en un delirio documental en el que se mezclan el imaginario del cine de gángsters de Hollywood, el kitsch y la fantasía autoexculpatoria de los propios asesinos. Durante la recreación del exterminio de un poblado entero a manos de los maníacos Pancasilas, son los propios campesinos (probablemente los mismos descendientes de las víctimas reales) los que acceden bajo coacción para interpretar las espeluznantes escenas que allí se vivieron, a lo cual se aplican con la mayor entrega y dramatismo; y, si se observa con atención, no es tanto el horror que esa escenificación intenta recrear (el horror de la alteridad pura) lo que más perturba al espectador, sino la repetición, el automaton, la certeza de que no nos es posible acceder a esa verdad tras-puesta del acontecimiento original si no es a través de una reelaboración, una re-escenificación odiosa de aquello que fue una vez “escenificado”. Ese “acto original”, el verdadero act of killing, pues, es la muerte de la experiencia real misma; pero este acto de dar muerte (dar muerte a la “experiencia original” de lo Real) va ligado al acto simultáneo de sublimarse lo hiperreal. La crónica del hecho y el mundo es puesta como pantomima del mundo en el meta-documental de Oppenheimer, si no es más bien que la pantomima del mundo aparece como única instancia verídica de los hechos y el mundo. Aunque alcanzan idénticos fines, el documental de Oppenheimer parecería el reverso exacto –pero copresente-- de Fuego inextinguible de Farocki: en aquélla se recreaban escenas cotidianas de una industria química con actores de reparto; y en The act of killing se recrea el sueño fantasioso de los verdaderos protagonistas, convertidos en “actores” de su propia vida. Hacia el final, Anwar, el capo dei capi de los genocidas, mostrará cierta clase de arrepentimiento y confesará sus tormentos, en una escena reveladora, junto a un mar tomado por la oscuridad de la noche. La noche del mundo. El matadero de la Historia. Cualquier interpretación de los hechos parece aquí superflua. El sueño no es distinto de lo vivido. Todo parecido con la era de la imagen del mundo es pura coincidencia.

Fragmento de Anti-Éxtasis; I, "Miradas al espectro"

miércoles, 20 de enero de 2016

Autorreferente / Auto-referente


*Desvío*

Al contrario del éxtasis clásico, el sujeto auto-referente --lo que se conviene en llamar el “sujeto autorreferente”-- no es causa o producto de una identidad en lo otro, de un olvido de sí altruista por el reconocimiento del otro, sino de una sobresaturación de sí por olvido del otro --en el movimiento paradójico de abandonarse al Gran Otro social y del Espectáculo--. Esa mirada obsesiva a lo Otro, esa visión fascinada en lo Otro, en el movimiento inmanente de lo Imaginario, la pantalla o el imago, no es sino la operación elemental por la que el sujeto narcisista –el extasiado moderno-- se autoafirma en sí y para sí. Es la "conciencia infeliz" en su más puro estado químico, que se complace en la ignorancia y en el regocijo de serlo. ("Lo que ha sido olvidado [en la conciencia infeliz] esencialmente es el Otro, y la estructura de autoconciencia que la conmoción del otro revela/produce", dice Fredric Jameson.) La autoconciencia elemental de la que hablaba Hegel se cumple a la inversa aquí: el sujeto autoconsciente miraba hacia sí y encontraba allí la tensión, la dialéctica de la Diferencia. El extasiado auto-referente mira hacia otros e infiere, a partir de una homologación de las particularidades, la Identidad y la repetición.

Autorreferencia desvirtuada (lo que en Anti-Éxtasis he llamado “auto-referencia”), pues, es aquella que proyecta/dice de sí misma su propia imagen aseada, aséptica, desproblematizada. Es por ello que la relación entre la Imagen, el Relato Político y nuestra Representación del mundo encuentra al fin un común acuerdo en el que se encabalgan. Es éste un relato hegemónico que se sustenta en la verificación de una supuesta realidad sin fisuras por todos los medios a su alcance, la de un Relato ya no político ni dogmático, sino meramente arbitrario, que se inculca desde el ejercicio sin complejos de la gratuidad informativa y la opinión categórica. Sin embargo, bajo un examen atento, este discurso enajenado de la Identidad pura que excluye a su contra-discurso parece que se deslegitima a sí mismo, se autoanula en la prospección indiscriminada de informaciones que de continuo chocan con su contrainformación, funcionando a la vez y como un todo, en un flujo ininterrumpido de contradicciones, bajo cuyo manto de viscosidad se disuelven las nociones de verosimilitud y exactitud. No es el producto de ninguna dialéctica ni de ningún proceso anagógico de la verdad, sino de la propia marcha irracional de ese proceder extraño, hiperbólico y proto-substancial, al que damos el nombre de “relato oficial de las cosas”. 

En la autorreferencia ordinaria, aquella que se constituye como espectro dialéctico, había una dinámica de identidad y diferencia, un proceso de progresión dialéctica, en el “descentramiento constitutivo del sujeto” (Lacan); mientras que, en el sujeto auto-referente, se elide la necesidad de un marco ontológico referente. La actividad pura del sujeto auto-referente es un proceso analítico por el que se deslegitiman las "razones ontológicas" del ente, en una progresiva desubstancializacón de los puntos cardinales de lo existente, asimilados ya de pleno derecho a la realidad pura de una desontología espectral.    

lunes, 18 de enero de 2016

"Finally born"




*Fragmento*


En la escena final de Shadow of the Vampire se condensan todas las claves del trastorno autorreferente. [...]  

Nosferatu está chupando la sangre de su compañera de reparto cuando unos golpes en la puerta lo sorprenden. El vampiro se da media vuelta, camina confundido hacia el foco de luz que lo ilumina. Por un momento se queda mirándolo fascinado, pensando que ese sustituto de la realidad, el foco, es en realidad el sol. La irrupción repentina de la realidad (la verdadera luz del sol) desintegra a Nosferatu no por una tácita fidelidad al mito original del vampiro, sino porque su existencia sólo es posible en la hiperrealidad de los focos, la realidad del cine. [...] 

El Murnau de Merhige viene a dar muerte así a la idea más sublime, pero por ello también la más infame, y que constituye la ecuación común a la religión y la filosofía: la consistencia de un ser deseante, la existencia de un objeto de deseo. […] En esa asombrosa escena final de Shadow of the vampire, en que la realidad captada por el objetivo se disuelve en una sangría psicodélica de celuloide, la sed eterna de Nosferatu se desvela definitivamente como lo que es, como un imposible, como una monstruosidad y una aberración de lo que existe. […] 

Así, en esa escena final de Shadow of the Vampire, Murnau [Merhige] ha captado con su cámara el anti-éxtasis intuido (la muerte del deseo). No puede contemplarse sino con pavor la aparición de este anti-éxtasis que es el meollo mismo del deseo --y no era sino pavor lo primero que sentía Sigfrido al ver "aquello" que yacía tras el velo de fuego; al encontrar allí la alteridad absoluta del ser impávido y silente--. "Dios no estaba allí", podríamos decir, un instante antes de volver a cerrar la puerta al anti-éxtasis y regresar así al tranquilizador territorio de las fantasías, los espectros, el erotismo...


Fragmento de Anti-Éxtasis; II, "Deseo eterno, deseo de nada"

viernes, 15 de enero de 2016

El éxtasis y su valor de uso trascendente




*Fragmento*

La realidad (vale decir: el deseo) debe ser articulada, no puede sencillamente no ser, y en esa operación [salvífica] interviene la [bien que conocida] estructura lógica del deseo. Es decir, la estructura-deseo encargada de establecer lazos y puentes con el entorno, de entablar la certeza mercúrica de un encuentro ideal con lo otro --toda vez que ese ideal-otro es siempre un límite evanescente, cuando no vedado a la simple voluntad; […]--. En lo que atañe a la vida práctica, la sociedad de consumo está basada en la antinomia de un objeto de deseo (ideal) positivamente existente; esto es: un objeto al que de forma inconsciente le son negadas sus cualidades finitas, procesuales o negativas. Un objeto existente, y por tanto necesario, con razón de sí suficiente. Se le presupone así a las cosas una razón de sí que asume la responsabilidad del objeto a lacaniano, del objeto original de deseo jamás recuperado, etc. Esta razón de sí es lo que confiere a las cosas y los entes un relieve sobrenatural, un lugar ecuménico, su pertenencia en el cosmos a un marco más amplio y dotado de sentido, por el que la estructura-deseo puede organizarse en el plano consciente, de acuerdo al principio de razón suficiente. Pero se desea algo, decíamos, precisamente porque falta algo (indeterminado) que por ser deseado pueda ser considerado objeto concreto de deseo. Y viceversa: siempre hay algo concreto que por ser deseado rehúsa ser considerado objeto trascendente de deseo. El objeto allí anhelado, el objeto máximo de deseo, no es tanto un objeto o un ente, como es obvio, sino una condición suprasensible de los objetos y los entes: su valor de uso trascendente, o lo que es igual: su necesidad causal con acuerdo a un orden de cosas, que respondan, expliquen, certifiquen y justifiquen que hay ahí fuera un orden de cosas esperando, que no flotamos a la deriva en un caldo cósmico sin respuesta, que todo el dolor será reparado, que hay algo más, aparte del “hueso de lo real”, que recomponga el caos y el sinsentido... En otras palabras: una razón metafísica que redima la existencia puramente inmotivada de los entes. Todo ese sistema enfocado hacia la consecución de algo (pero también la causa común, la bandera nacional, la celebración de lo humano y lo divino…) es el deseo de algo más, constituye un gigantesco éxtasis en el que el hombre de ayer y hoy encuentra su expiación definitiva, en la negación de la cosidad azarosa de los entes. Es la venganza sobre ese orden de cosas infausto del ser que proviene de o se constituye en torno a la nada (la irrazón de ser).

Rechazo total del silencio. Afirmación sin fisuras de lo visible y lo operativo. Es preciso integrarse en una maraña de signos, no importa su significado, pero que bloqueen a toda prisa cualquier entrada al displacer, a saber: la develación anti-extásica del territorio vacío del Ser. La develación decepcionante de la cosidad del ente.


Fragmento de Anti-Éxtasis; II, "Deseo eterno, deseo de nada"

Imágenes: 1) Éxtasis de santa Teresa, de Bernini; 2) Fotograma de Blowjob, de Andy Warhol.

jueves, 14 de enero de 2016

In media res (cont.)

Es en esta localización del "ser salvaje" --que no devela una instancia constituida tras el ser fenoménico, ni tampoco un ser-transfenoménico a la manera de Sartre, sino una cosidad salvaje, ilegible, indiferenciada--, y que tiene lugar en la mirada autorreferente o dialéctica, es allí, pues, donde se produce la quiebra con la mirada fascinada en el éxtasis. La quiebra con la mirada-producto de los medios de comunicación y con la Representación misma (Vorstellung), y, asimismo, la desconexión con aquello que denominamos la "razón de ser" de las cosas. El anti-éxtasis es, en una primera instancia, el des-hechizo de la razón sistémica de las cosas, cuyos efectos visibles (pero no por ello más evidentes) se concentran en torno a la idea del Sistema; y, en un sentido ulterior y profundo, el anti-éxtasis es el desencanto, terminante y definitivo, de todo lo que tiene que ver con el mito de la razón suficiente y la filosofía entendidas como instancias hegemónicas del cosmos, es decir, de la Razón y la filosofía como supremas formas de éxtasis.   

sábado, 9 de enero de 2016

Autorreferentes y apocalípticos


 










Fotos de Raquel Calvo © 1, 2 y 3: de la serie "Cheeks On Speed", en directo. 

viernes, 8 de enero de 2016

NOTA PRELIMINAR



Las explicaciones de este blog sobre Anti-Éxtasis (el libro, en adelante, siempre en cursiva) no son en realidad "sobre" Anti-Éxtasis, sino "a partir" de Anti-Éxtasis.  

Matiz importante, creo, para quien lo desconozca todo sobre el término y quiera leer el libro. Allí explico las relaciones entre dicho término y algunos aspectos en el pensamiento del filósofo francés Clément Rosset, a quien saludo como maestro.   

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*Desvío*


Anti-Éxtasis es un agente de terror filosófico. Un territorio yermo y silente. Como tal idea revulsiva, no es ajena al pensamiento perfomático y combativo, a las transgramáticas del deseo y el fusionamiento, a los procesos de des-erotización, los artefactos duchampianos de desmantelamiento calculado. 

Anti-Éxtasis está abierto al desacuerdo. Anti-Éxtasis es topografía del desencanto, oceanografía de la disrupción, certidumbre de la tragedia. Anti-Éxtasis es un espacio estéril desmemoriado por el automatismo de mecanismos fascinantes y fascinados, codificantes y codificados, en el espacio vacío de su propia explotación semántica.

Anti-Éxtasis es proliferación de lo eternamente igual a sí mismo. Anti-Éxtasis es repetición, un carpetazo de Parménides en la fiesta loca de la diferenciación perpetua. Anti-Éxtasis es un reducto de silencio para el ser metastásico y translibidinal (comoquiera que sea eso: ya no hay ahí -ni nunca lo hubo- ningún ser en el mundo, tan sólo un outsider, un foráneo de su propio mundo). Dispositivo crítico sin mitologías ni mercancías. Anti-Éxtasis es otro paso más en la debacle humeante, irremisible y profundamente ridícula de las batallas perdidas. Anti-Éxtasis es compulsión y espasmo y mortificante deriva.